MUSICA


Discos y grupos comentados en artículos y en la sección de «El Atolladero»


THE FALL.

“La caída” de Mark E. Smith
42 años y 32 discos sin casarse con nadie

Artefactum Doc. 32 | © Johnny Soda | Madrid

La banda más prolífera del post-punk británico ha conservado su etiqueta de grupo de culto simplemente porque Mark E. Smith ha hecho siempre lo que le ha dado la gana. Algún crítico musical se atrevió a acusarlos de “poperos” cuando editaron Extricate en el año 1990. Mark E. Smith se acababa de divorciar de Brix Smith por aquel entonces pero The Fall se divorció del mundo desde que nacieron. A la prensa musical le apeteció distanciarse de la razón muchas veces cuando hablaba de ellos; sea como fuere Extricate es una obra maestra incontestable, anacrónica e imperecedera. Y casi nadie se pone de acuerdo escogiendo el mejor disco de la banda. De 32 discos de estudio, se dice pronto, 32 a tener en cuenta. Desgraciadamente ya no habrán más, al menos bajo la tutela del que siempre ha sido su lider, Mark E. Smith, ya que nos dejó el pasado 24 de enero a la edad de 60 años.

Como si de una magistral noción filosófica de lo absurdo -al igual que la novela de Albert Camús de donde sacaron el nombre: la caída- la banda de Mark E. Smith recorre visceralmente el subsuelo de un rock indefinible, hablado muchas veces y entrecortando melodías escudriñadas, transformándolas en miserias banales.

A pesar de sus numerosos cambios de formación -más de 60 músicos han pasado por la banda- The Fall siempre ha sonado a The Fall. No es que no se hayan ceñido a las modas, simplemente tienen su manera de interpetrar con total cinismo las circumstancias que les ha rodeado. El irascible Mark E. Smith fue uno de esos personajes que sacó de quicio a más de uno, que se lo pregunten a los Elastica cuando le invitaron a su estudio, la lió parda y se fue tan tranquilo después de dejarles la nevera seca. Nos quedamos con una de sus frases lapidarias: Si somos tu abuela y yo tocando los bongos, eso es The Fall.


Hound Dog: La escoba y el Ukelele de Hendrix

Artefactum Doc. 46 | Madrid | © 2018 Johnny Soda

La escoba

Cuando Hendrix todavía era un chaval y asistía a clases en el colegio de Horace Mann Elementary, en Seattle, solía ir caminado con una escoba entre las manos para emular una guitarra. Por lo visto estuvo más de un año yendo con la escoba y flipándoselo solo calle arriba calle abajo. Con ayuda de un asistente social escribió una carta pidiendo financiación para poder comprar una guitarra, alegando que si no la conseguía le podría causar un daño psicológico irreparable.​ Se la denegaron.

El Ukelele

Unos años más tarde, mientras ayudaba a su padre en las tareas del trabajo, Hendrix encontró un ukulele tirado entre la basura de una vecina que le dijo que se lo podía quedar sin problemas. El ukelele estaba medio destartalado y tan solo tenía una cuerda.​ Empezó tocando acordes sueltos. Pero poco a poco acabaría aprendiendo a tocar de oído mientras escuchaba canciones de Elvis Presley. Su primera versión fue la canción que Jerry Leiber y Mike Stoller compusieron para Elvis: Hound Dog


El efecto boomerang del garage en los 60

Artefactum Doc. 123 | © 2019 Madrid | Juan Aguera

Suele ocurrir en numerables ocasiones que se suela barrer para casa cuando se discute sobre el origen de un acontecimiento. El caso del rock de garaje es un claro ejemplo, según sean críticos norteamericanos o británicos los que plantean su nacimiento en los años 60, siempre se declina ubicar su gestación en territorio propio y eso que en su momento ser una “garage band” era usado con connotaciones peyorativas. La polémica lleva décadas sobre la mesa. En general, los críticos europeos plantean su origen como una consecuencia de la Invasión Británica aunque admiten que tales bandas tenían una marcada influencia por el rythm’n’blues procedente del otro lado del atlántico. Sin embargo, los críticos norteamericanos van más allá declarando como géneros precursores y ya definidos el surf instrumental, el frat-rock, el rockabilly y por supuesto el rock and roll de la década anterior.

Aunque tal controversia se basa más en la búsqueda de los orígenes del género musical que en el sonido, clave para entender la particularidad del garage, el caso es que hubo una transformación intercontinental evidente. Si bien bandas británicas como los Rolling Stones, los Yardbirds, Them, The Pretty Things o los Kinks intentaban reproducir el sonido que escuchaban de músicos norteamericanos como Muddy Waters, Bo Didley o Fats Domino entre otros, las bandas que surgieron en los Estados Unidos como The Shadows of Knight, The Count Five, The Seeds, The Leaves, Question Mark & the Mysterians, The Blues Magoos, The Remains o The Standells asimilaron la nueva tendencia guitarrística de las inglesas para crear su particular sonido, más crudo y distorsionado y por ende más alejado de la comercialidad que caracterizaba a otras bandas contemporáneas.

Por lo tanto, podemos hablar de un efecto boomerang del que se nutrieron prácticamente todas las bandas surgidas a mediados de los 60 y no solo en Estados Unidos o en el Reino Unido. Simplemente estaban atentas a lo que llegaba desde el otro lado del charco o de cualquier otro lugar y lo traducían a su manera. La influencia que tuvo el éxito de You Really Got Me en 1964 de los Kinks en bandas norteamericanas estaba influenciado a su vez por el blues y el rythm’n’blues más ancestral norteamericano, puro rock and roll, fórmula mágica de ida y vuelta. The Sonics publicaron su Here are The Sonics un año después, tres cuartos de lo mismo pero con más ruido y distorsión que nunca, siendo menos virtuosos que Ray Davies y su banda, van y la lían el triple. ¿De dónde salen los Stooges?… ¿y el término garage-punk?… y vuelta la mula al trigo…


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